26.12.09

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Menáge à trois, a la americana


Ya lo decía en el comentario del último proyecto de Spike Jonze ("Donde viven los monstruos"), algo pasa en Hollywood para que el cine de autor esté cada vez más escondido entre los estrenos semanales, detrás de exposiciones argumentales impolutas de esquemas exclusivistas Wasp (White Anglosaxon protestan), donde apenas se dejan ver otras culturas, a no ser que sea desde una perspectiva sutilmente negativa. Producciones adornadas con la guinda de la comedia, o el desenfado, todo ello en un entorno lujoso y bien amueblado. Fue, quizá debido a la demanda o a la oferta interesada, la explosión de series televisivas estilo “Sexo en Nueva York”, llevadas posteriormente al cine bajo nulos planteamientos técnicos y algunas modificaciones en los personajes y situaciones para poder abarcar también la “edad madura” con sus arrugitas y michelines, las vacaciones, o escenarios laborales que puedan crear cierta crispación, maticemos, humorística. Así ha movido la batuta la productora, directora y guionista Nancy Meyers entre sus historias mediocres (“¿En que piensan las mujeres?”, 2000; “Cuando menos te lo esperas”, 2003; o “The Holiday”, 2006), reflejando lo que piensan ciertas mujeres bien posicionadas que no saben y no contestan de crisis económicas y son siempre extremadamente exitosas en sus profesiones. Meyers tiene la costumbre de acudir a nombres de prestigio en el jardín de Hollywood para dar a su cine televisivo cierto pedigrí: Mel Gibson, Helen Hunt, Marisa Tomei, Jack Nicholson, Keanu Reeves, Diane Keaton, Jude Law, Kate Winslet…ahora ha recurrido a una actriz que llama al público, la polifacética Meryl Streep, a quien han colocado junto a Alec Baldwin y Steve Martin, jugando a imitar a cierto cine europeo más arriesgado como “En el séptimo cielo” (Andreas Dresen). Se estrena estas navidades No es tan fácil (It´s complicated), mezcla de comedia y romance, con la misma falta de sustancia que las de su especie.

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Si algo destacaba de la comedia screwball de los años 30 y 40, (y recuperar la afición por el buen cine clásico es curativo, vaya por delante mi experiencia) era porque éstas películas sentaron las bases de la igualdad entre los hombres y las mujeres, presentado un modelo de heroína fuerte, determinada, emprendedora, inteligente, guerrera, que se equiparaba al compañero*. Películas que comparadas con las actuales, sorprenden por su modernidad. A Nancy Meyers le faltan buenas dosis de cinismo, amargura, mala leche, para sutilmente imitar a genios como Allen o Wilder, y le sobran menús de tan fácil y suave digestión, guiados y vigilados por la agenda de la corrección política y el resultado en taquilla, todo bajo patrones narrativos nada exigentes; sin sabor, sin olor, sin color.


La Meyers ha vuelto a repetir temática, y reincide en el sexo para maduritos. Ya lo hizo en “Cuando menos te lo esperas”, con Diane Keaton y Jack Nicholson, comedia bajo una aparente ideología libertina y cascaprejuicios femeninos. Ja! Si me lo permiten. Entiendo que actrices como Meryl Streep o Diane Keaton (más la segunda que la primera) se hayan apuntado a memeces varias para no perder el tren laboral, pero abusar puede hacer olvidar glorias pasadas. Al grano, Meryl Streep, acompañada de sus mohines, deviene en No es tan fácil la amante de su ex marido, del que lleva divorciada ya diez años. Con tres hijos creciditos en común, todos primorosos e impolutos, (no sé, al menos alguno le podía dar a la droga, o ser un gamberro asusta-abuelitas), Jane (Streep) cuya pasión por la cocina francesa la ha convertido en una exitosa cocinera y empresaria, y su ex marido Jake (Baldwin) recuperan las mieles de llevarse bien con derecho a roce, en un momento en el que el matrimonio de éste pasa por situaciones histérico-críticas con una mujer mucho más joven, con sangre latina, italiana o a saber de donde. Claro que la situación no es tan fácil, a pesar de tener un superchalet, un negocio que funciona, unos hijos sin tara, y un pretendiente arquitecto, encantador y divertido. Con tres nominaciones a los Globos de Oro, (película-comedia, guión y actriz de comedia)... En fin, que yo me mondo. En todo caso se agradece el intento de no ocultar arrugas, ni redondeces, y que los actores aparezcan en su decrepitud real, dentro de los baremos que el cine actual de hollywood puede mostrar, se entiende.

Pasen, pasen y vean.


*"La comedia romántica del Hollywood de los años 30 y 40", Pablo Echart, Ediciones Cátedra




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22.12.09

Y ya está aquí la lista del año, el TOP TEN 2009 de esta casa:




This is It

Por ser un elegante y sorprendente homenaje al un merecido coronado rey, en este caso del pop. Incansable en el candelero, divino en talento, portentoso en la evasión, generoso artista que se dio a los fans y pájaro herido que se perdió en lo personal. Su concierto de aristocrático cincuentón hubiera sido espectacular. Mi despedida va en este número 1.



Enemigos públicos

Por ser la película más glamorosa del año, sin discusión (y el que lo discuta se las verá conmigo). Repleta de inolvidables tomas y secuencias, pura evasión Michael Mann.



Malditos bastardos

Por reencontrar a un Tarantino revitalizante, ingenioso, explosivo, retador, lo mejor de este autor con diferencia.




Paraiso Travel

Por su visión realista sin condescendencia en la tierra de un Nueva York desmitificado, el de los inmigrantes, legales o ilegales, el de la soledad, el frío, el abuso, los sin techo y las prostitutas yonquis.



Moon

Por la entrada triunfante y singular de un Bowie en el mundo el cine, y su capacidad de reacción frente a tanto director alienado. Nos ha gustado mucho.




Donde viven los monstruos

Por hacer renacer el buen cine a autor, y la exquisitez de un cine reflexivo y sencillo, aunque inmenso. Repleta de imaginación.



Entre les murs/La clase

Por representar al cine europeo de calidad indiscutible, con un tema actual que necesita estar más presente en las narraciones cinematográficas, la multiculturalidad de la sociedad, y los cambios que conlleva en el sistema educativo.



Up
Por representar al mejor cine de animación que este año se ha superado a sí mismo. Historia entrañable, humana y entretenida, ¿qué más se puede pedir?



Watchmen

Por ser, con diferencia, la más interesante de las producciones robadas al mundo del cómic, además de políticamente incorrecta. Una gozada y un reto.




The reader

Por revisar la escalofriante etapa nazi de manera diferente, además de aportar un poco de literatura al cine y una actriz superdotada que da densidad a sus personajes.


También en Cinencuentro

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19.12.09

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Recuperar el cine de autor


Hace pocos meses disfrutábamos en los cines, y recientemente en formato DVD/Blu-ray, de los mundos paralelos de "Coraline", exquisita propuesta de Henry Selick, basada en el libro de Neil Gaiman. Como Coraline, llega un niño, Max, en estas fechas que cierran el año, y con la misma sensibilidad especial para crear otro mundo refugio que le aleje del real en el que se siente ninguneado en su entorno familiar. Este niño tan particular, como lo es Coraline, o la Alicia de Lewis Carroll, o los personajes creados por C.S. Lewis (Crónicas de Narnia), será rey en su mundo salvaje, Donde viven los monstruos, tercer largometraje del singular cineasta Spike Jonze.


La diferencia en la idea y ejecución de Jonze (cuyo verdadero nombre es Adam Spiegel) con respecto a similares proyectos, es que éste polifacético realizador formado en el mundo audiovisual del videoclip y la publicidad ha dotado su propuesta de un aura infantil muy imaginativa en cuyo interior se descubre una profunda reflexión de las dificultades en las relaciones familiares y de grupo. A poco que se conozca algo la trayectoria de Jonze uno adivina y concluye sin miedo a llevarse un chasco que su última realización va a poseer una mirada diferente, rompedora y estimulante con respecto al entorno del tipo de producciones que se realizan sobre el mismo tema. Quién dirigiera “Cómo ser John Malkovich” y “Adaptacion”, los videoclips “Sabotage” para los Beastie Boys, o “It´s Oh So Quiet” para Björk, no iba a dejar de sorprendernos gratamente en su experimentación de separar el mundo real y el mundo fantástico, propio del arquetipo de relatos más arriba nombrados.
Liberado del guionista Charlie Kaufmann, Spike Jonze vuela por libre demostrando que su obra no dependía tanto de Kaufmann, como se había sugerido en más de una ocasión. Así Donde viven los monstruos se constituye también en una pieza más del caleidoscópico universo de Jonze, donde, además de otros estilos y géneros, las fábulas y leyendas ocuparon su sitio, y en medio de todos ellos, donde la imaginación no tiene límites.


Con una puesta en escena sencilla pero brillante en gestos, ángulos, miradas y silencios, se agradece esta extraña y al mismo tiempo estimulante película donde se intuye una exacerbado trabajo detrás de cada imagen para dar la sensación de sencillez en la magia. Huyendo del exceso visual que es habitual en este tipo de producciones, descubrimos cuanto se puede decir con tan poco, y adivinamos cuanto puede costar decirlo. Sin ser una película barata, (su presupuesto se eleva a ochenta millones de dólares), esta adaptación del libro del conocido ilustrador infantil Maurice Sendak, es todo un caramelo cinéfilo que nos recoloca las articulaciones y nos hace recuperar el sentido del descubrimiento del artista virtuoso al servicio de la narración cinematográfica, algo que, últimamente, pocas veces se nos regala. De los videoclubs van desapareciendo las secciones de cine independiente, el clásico, en definitiva todo aquel cine que no está al servicio del entretenimiento burdo y vacuo bajo unos esquemas técnicos similares y poco experimentales, y cero insolencia expositiva.
Gracias a que autores como Jonze, Fincher o Gondry plantean fantasías, dramas o comedias, más o menos surrealistas, repletas de personajes ricos y esponjosos, siempre en constante búsqueda, aún tenemos esperanza. Artistas que traducen sus inquietudes artísticas en universos que hacen que la cultura no muera del todo.

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Donde viven los monstruos (Where the Wild Things Are), es un campo de libertad, más dirigido a los adultos que a los niños, donde la imaginación anda suelta, y la conclusión (si es que existe y cada cual extrae la suya) sería que el único rey que nos ayudará a ser más o menos felices en nuestros mundos somos nosotros mismos, con nuestro esfuerzo por querer serlo. Entendemos que algunas productoras se han olvidado del único objetivo del beneficio brutal, en beneficio nuestro.






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12.12.09

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El baile de las productoras

Dicen que cuando faltan ideas, al menos queda hablar o escribir de lo que pasa en casa. Algo pasa en Hollywood, ciertamente, para que sus responsables, guionistas y productores, (vamos a dejar a un lado los realizadores) recurran a decir más bien poco, y de maneras insuficientemente bastardas, sobre lo que se trajina en sus interiores para que nos lleguen tsunamis de cine comercial que supone ya el noventa por ciento de la oferta cinematográfica de cualquier país, con el añadido de que la producción nacional imita sin rechistar las directrices de tal oferta. Cine rentable, cine monolítico en ideas con secuelas, precuelas, sagas, mil partes, asegurando sus dividendos activos. Puestos a contar que pasa de puertas adentro y cómo son los que pringan dentro de ese mundillo, hacerlo al menos con un poco de sustancia no estaría nada mal, para variar, y dejarnos con cierta idea del proceso macanudo que hay detrás de cada cartel y correspondiente merchandising expuestos en las multisalas de nuestra ciudad.

Ben Stiller lo hizo a su manera rocambolesca y muy divertida el año anterior con “Tropic Thunder”, donde no se salvaba ni el apuntador y Tom Cruise daba una réplica perfecta del productor bipolar y bananero. También Vicente Minnelli dio un buen varapalo a la figura del productor en “Cautivos del mal”, 1952, con un Kirk Douglas portentoso. Y que decir de “Mulholland Drive”, 2001, con la que el genial David Lynch nos dejó perplejos, aún hoy, tratando de descifrar su puzzle cinematográfico. Al parecer tocaba el turno de otra visión de Hollywood, y para ello, a falta de incorrección y mala leche, se recurre a actores que tienen estrella en el paseo del Hollywood Boulevard, y otras emergentes, como la novia de vampiros, Kristen Steward.

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Roberd de Niro, quién desde “Jackie Brown”, 1997, se puso a dormir y a vivir del nombre, es la elección del director norteamericano Barry Levinson, o mejor dicho del grupo de productores entre los que está el propio De Niro. Levinson un director de Oscars, tiene en su haber trabajos como “Good Morning Vietnam”, 1987; “Rain Man”, 1988, o “Bugsy”, 1991, además de producir y escribir algún que otro éxito televisivo y cinematográfico como “Tootsie”, mueve la cámara en Algo pasa en Hollywood (What Just Happened) entre las presencias, (además de De Niro, absoluto protagonista haciendo, da la impresión, de un sosias del propio Levinson) de John Turturro, Robin Wright, Sean Penn, Bruce Willis, (éstos últimos haciendo de ellos mismos), Stanley Tucci, o Catherine Keener como una productora que acuchilla con la mirada.

¿Qué de nuevo cuenta Algo pasa en Hollywood?. Sobre el tema nada que no sepamos y nos hayan contado mejor antes. La diferencia está, quizás, en el tono y el ritmo que utiliza Levinson para desarrollar la manera como vive los altibajos privados y laborales un productor de cierto poder (que no retuvo), pero expuesto en el período de una semana, día a día, llena de stress y lucha de fieras en esta jungla de la evasión, en la que, esto sí resulta interesante de la cinta, los carteles de las películas ya no muestran director, actores, trama o título, solo una gran cifra. Ese tono flácido y desganado lo pone el rostro y la actitud del personaje de De Niro, el productor mencionado, que ve todo bajo la bruma de la insipidez sentimental, arropado por tecnología punta que cuelga continuamente de sus orejas, (sobre el que cualquier tribu alejada de la civilización calificaría de adorno corporal identificativo de un clan).

El resto es un repaso a la excesiva importancia que se da a los pases previos de las producciones, la abundancia de hipocresía y cinismo del susodicho mundo, la soledad inmensa de los sujetos que conforman el recuadro, los divorcios y líos sentimentales que van y vienen como un juego de parchís, los caprichitos desquiciados de las estrellas, una superficialidad nauseabunda, el tongo de los festivales y la cada vez mayor supeditación de la creatividad a la corrección política y por ende, al dinero.

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Levinson y De Niro nos abren una pequeña ventana de su entorno, que vendida como comedia, puede llevar a confusión, puesto que no es una comedia al uso, aunque algunas actuaciones posean cierta vis cómica. La banda sonora llama la atención por su eclecticismo, lo que hará que la que suscribe la busque para su colección. Se agradece la ausencia de moralinas, o arrepentimientos irreales, y así todo sigue su camino al final, sin saber si es una simple anécdota, una crítica, una parodia, o qué. No obstante, su estilo documental le da un tono fresco a la cinta del que no hace que reneguemos de haber pagado entrada.





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5.12.09

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La vida es sueño, y risas


Esta crisis que toca tanto la moral como el bolsillo, y desintegra toda esperanza por la falta de asideros institucionales que nos den apoyo, nos arrastra en su crispante cascada a la conclusión de una realidad que ya estaba pero no veíamos, estamos más solos que nunca. Entonces nos entra la risa tonta, esa en la que te quieres reír de las catástrofes porque no entiendes la mímica de los políticos, ni de sus soluciones “sostenibles”. Sin saber quién ni qué nos guía, se nos pone cara de Leslie Nielsen preguntandonos obviedades con cara de poker, (¿qué es un hospital?; “¿médico, yo soy médico?” vestido con su bata blanca y su estetoscopio), y tomamos el camino de la risa fácil, del remedo de lo cómico en el cine, para sosegar nuestro desconcierto e inestabilidad. El cine de humor está en boga y aterrizamos como podemos en la vis cómica de la gran pantalla porque lo necesitamos, nos apuntamos a esa terapia a buen precio. La invención de las sagas de movies que suplantaban a éxitos reales surgió también en su momento como respuesta a un pesimismo generalizado, allá en los años setenta, en los que proliferaban, por el otro extremo, las cintas de desastres. La historia rebobina de nuevo, y repite desastres en spoof, las movies de carcajada desvergonzada. El chico listo que es Joaquín Reyes no podía dejar pasar ese tren, y se ha montado, de la mano de Javier Ruiz Caldera , en el vagón de ridiculizar, sin cortarse un pelo, el cine de éxito palomitero y de Goyas, de crítica de crítico que se toma muy en serio, en definitiva de cine de presupuesto ahora que el ICAA margina los presupuestos modestos y de diversidad cultural. Bien por ellos! Hace falta gente que se ría de los intocables de este país, o puestos, de cualquier intocable del planeta.


Spanish Movie es un divertido tocahuevos y el resultado tiene más gracia de la que anuncian algunos medios. Si a algunas televisiones no les sienta bien que parodien (con una realidad asombrosa) a doñas perfectas de melenas rubias y lacias palabras, y hacen lo nunca visto, una crítica negativa, (ni con los más zafios de los mainstream jamás hecho), es cuando a la que suscribe se le despierta el interés. Además contamos con uno de los más curiosos y rompedores grupos de humor del mundo televisivo actual, Muchachada Nui, y unos actores que se lo trabajan divinamente. Reírse de uno mismo es catártico e higiénico, y más si lo hacemos de nuestro cine que, a título personal, me sigue pareciendo insuficiente y pobre, comparando con el baremo de calidad del cine europeo. Spanish Movie se ríe, sin ningún tipo de prejuicio. Se lleva por delante a Amenábar especialmente, de quién ha entremezclado “Los otros”, “Mar adentro” y “Abre los ojos”, pero Almodóvar no se queda rezagado, pues la principal protagonista, la estupenda actriz Alexandra Jiménez (ya quisiera la Pe llevar ese talento actoral en sangre) mueve los aromas del director manchego en todo el film. Claro que las obras de Juan Antonio Bayona, Jaume Balagueró y Paco Plaza y su becaria preferida Manuela Velasco no se libran de la parodia, como tampoco “La Juani” de Bigas Luna, ni Fernando León de Aranoa con unos lunes de alcohol. Por supuesto no olvido a Guillermo del Toro y sus faunos, y nuestro histórico Alatriste, un tanto chuchurrío, sin olvidar al impactante gaseador asesino Anton Chigurh, made in Javier Bardem. Todos los personajes de los arriba nombrados forman una comunidad (rememorando aquella de Alex de la Iglesia, director que por cierto nos regala con una aparición estelar) que se apila en una casa castillo, híbrido entre el Spanish Orfanato más famoso y la mansión entretinieblas de "Los otros".
Ramona/Alexandra Jiménez llega a trabajar al caserón como niñera de los dos niños con fotofobia y raritos de la dueña de la casa, una también estupenda Silvia Abril que hace un doblete entre Nicole Kitman y Belén Rueda, cuyo hermano permanece en cama postrado sin moverse, y cuyo marido está en la eterna guerra de los treinta años. Así, el realizador Ruiz Caldera, y los guionistas han tratado de que la historia siguiera cierta trama, para no perder el hilo, y que a pesar de las continuas parodias de diferentes películas, todas tuvieran un nexo en común que las englobara en una sola historia.


Más divertida y menos zafia de lo que las críticas han sentenciado, Spanish Movie costó su friolera, poco más de tres millones de euros, en montar tanto mejunje cinéfilo, y Joaquín Reyes adorna el desaguisado convertido en un fauno muy Chiquito de la Calzada. Cuenta la cinta, en perdón de sus pecados, con apariciones de Belén Rueda, el ya mencionado Alex de la Iglesia, Andreu Buenafuente, Alejandro Aménabar, y por supuesto Leslie Nielsen. Esperamos que esta Muchachada ponga sus ojos, tal vez, en los grandilocuentes hijos de Garci como “Sangre de Mayo” , o se sumerja aún más en la historia, desde Los Borgia, a las conjuras del Escorial, o las locuras de algunos Austrias.

27.11.09

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Levitación yanqui


No puedo evitar pasar por taquilla cuando se estrena una de las últimas novedades generadas en 3D, y más desde que comenzó esta batalla singular entre Pixar, Dreamworks, Fox, Disney y demás mercenarios que se quieran unir a la fiesta. El espectador, sobre todo el menudito, es el que se come con salsa de palomitas y deleite feliciano los resultados de tal desazón adrenalítica que obliga a sus responsables a un constante "mejor todavía", y en esta contienda parece que nuestro país no quiere quedarse sin su trozo de pastel. Aunque no formemos parte del G8, ni pintemos gran cosa a la hora de opinar en las cuestiones políticas del globo, el mundo del cine de animación nos ha entrado por el conducto de la competitividad y a tenor de los resultados no lo hacemos nada mal, tal es así que actores que no llegan a clavar bandera en la actuación, caso de Antonio Banderas, se animen a producir en estas otras dimensiones. Le toca el turno ahora a un tema que está muy de moda, surcar el espacio en busca de otros planetas y formas de vida, y los responsables de una compañía que precisamente tiene nombre de planeta perdido en el universo, Ilion, si bien afincada en la terrenal Alcobendas, realizan su primer asalto al tren con Planet 51, ambiciosa producción hispano-anglosajona que pretende, nada más y nada menos, alcanzar los destellos de un Pixar. Para ello su mesa de trabajo se ha surtido de un equipo con variado y lustroso tronco curricular, y así intervienen en este proyecto el responsable de éxitos como “Shrek”, o jóvenes talentos españoles que proceden del mundo del videojuego, en este caso Jorge Blanco, o compañías mastodónticas (Sony) que se encargaran de la distribución por la tierra prometida para su éxito mundial, Estados Unidos.


Deduzco que esto último es lo que, a pesar de contar con una mayoría de producción y realización con sabor español, ha hecho que se optara por americanizar hasta en su último suspiro la golosa y ambiciosa apuesta de Ilion. Planet 51 , famosa en principio por su elevado presupuesto, queriéndose parecer al planeta Aménabar, es un claro ejemplo del poder globalizador de la cultura estadounidense, que no ha regalado ni la más mínima concesión a la cultura hispana, a excepción de la horranda melodía (unos nanosegundos) de La Macarena. Pongamos por caso que el guaperas astronauta que llega al planeta 51 tuviera un aspecto más latino, o un nombre más latino, en lugar de Charles “Chuk” Baker, qué tal Antonio Baker?, o portara otra bandera, (sí ya sé, hay mucho dinero en juego, ahí están el fracaso de “Donkey Xote” o “El Cid”). Sin embargo, Planet 51, a pesar de ser una cinta triunfadora ya antes incluso de su exhibición, con ciertas dosis de decepción en sus expectativas después, es pecaminosamente americana, lo que le quita mucha de su gracia, a pesar de momentos desternillantes como el desembarco del astronauta que se las quiere pirar al ver el percal.
Los niños con sus grititos y alzas para asientos que pululaban a mi alrededor disfrutaban excitados como lo hacen con cualquier Pixar o Dreamworks, ese no es el problema. La cuestión es que todo lo que se les ofrece es bajo el prisma cultural yanqui, y lo que realmente les parece o parecerá conquistar otros mundos es cuando se estrenan en pantalla historias autóctonas maravillosas como “El lince perdido” o “El espíritu del bosque”.

La idea de Planet 51 no es mala. Es más, es estupenda, si bien bajo axiomas de cero provocación. Llegar a un planeta que creemos conquistar y comprobar que ya existe todo un mundo y cultura, aunque ésta se parezca a la nuestra con sesenta años de retraso es ya una conquista del guión. Lo que se lee entre líneas también lo es: lo dice el joven tímido y poco decidido Lem, no tener miedo a lo desconocido porque puede ser el comienzo de una nueva y fructífera etapa. El resto se sumerge en una historia con diálogos bastante convencionales y a ratos noños, copiando las pautas de todo lo visto hasta ahora desde el principio de los tiempos. Alcanzando ideas y modelos alienígenas de acá y de allá, vemos desfilar ante nuestros ojos los años cincuenta en versión Alien, con aspecto verde y bananas apostando en la cabeza o el bigote, animales de compañía que son pequeños monstruitos hijos del octavo pasajero, astronautas que parecen políticos ex-publicistas, o robots versión Wall-E, risueños como el modelo a imitar y obsesionados con los pedruscos.


Una opción para nuestros peques, un merchandaising poderoso para estas fiestas que se avecinan y muchos mayores defraudados. Una pena que lo único español sea la melodía de Los del Río.




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14.11.09

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Claros y sombras de la revolución

Aquí tenemos, por fin, un director español de los más interesante, Isaki Lacuesta. El cine español tan demacrado en creatividad necesita de nuevos valores que le den aliento, y sobre todo sustancia nutritiva. Este catalán de nacimiento y vasco de raíces está construyendo un camino que ramifica nuevas direcciones en el cine, un camino que saca la producción fílmica de los museos, algo que a los responsables del ICAA aún se les atraganta, a pesar de las buenas intenciones para que el sistema de ayudas se inspire en el carácter cultural de la actividad cinematográfica. No obstante, como el mismo Lacuesta apunta en Cahiers du Cinema de septiembre, la cuenta de la vieja no sale, y el esquema de ayudas expulsa fuera del sistema a las películas menores en coste y en comercialidad. Aunque termina con un esperanzador deseo, que esa nueva Orden sirva para ampliar la definición de lo que son películas, y no para estrecharla, ya que en la palabra cine caben muchas expresiones y juegos artísticos.
Claro que luego hay críticos (habría que entrar en la valoración* de que es la labor crítica, reflexión a partir de un texto audiovisual, el encuentro de elementos que construyen en él significación, incluso elaboración o consolidación de teorías, o bien el impacto emocional que produce una visión fugaz de la película) que acuden a la coletilla del cine de evasión y divertimento, y propuestas como las de Lacuesta o sus coetáneos Albert Serra, o Jaime Rosales, (según esos mismos "críticos", artificiales y artificiosos) les producen fatiga mental, ya que apelan a clichés antiguos y eternos: muy demodé, colega. Cuando unos proponen ampliar la definición del cine, otros la estrechan. No queremos ser más papistas que el Papa, ni sentar cátedras que no nos corresponden, porque quizá esta crítica sea una de esas de visión fugaz y emocional. Pero la amplitud de campo me gusta y necesito la seducción desbordante de las obras evasivas de, pongamos por caso, un Michael Mann así como la pura reflexión y nuevas técnicas narrativas y estéticas, nuevas propuestas que fichan en la experimentación, ya provengan de Herzog, Jarmusch, o Lacuesta.

Después de su incursión en la mixtura de documental y ficción en “Cravan contra Cravan (2002) y “La leyenda del tiempo” (2006), manteniendo esa línea en muchos de los cortos, Lacuesta se zambulle en la ficción a través de una idea que le sobrevino en la filmación de las excavaciones clandestinas de una fosa común de la batalla del Ebro, lo que acabará en el proyecto que consiguió el premio de la crítica en el Festival de Cine Internacional de San Sebastián 2009: Los condenados.

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Con actores argentinos de encomiable performance, Daniel Fanego, Arturo Goetz, Leonor Manso, María Fiorentino o Bárbara Lenni, y escenarios peruanos de bosques mágicos que bien podrían ser el escenario de cuentos con unicornios y princesas, Lacuesta habla del retumbar del dolor del pasado, instalar la verdad en la memoria histórica o personal, de cómo las revoluciones se confunden de tiempo, de la neutra juventud de hoy y de la combativa de ayer, y sobre todo de los sacrificios personales de cualquier lucha, y cómo no, de la legitimitidad de la lucha armada y el desencanto que puede producir toda buena intención. No es poco para tan poco diálogo, pero el poder evocativo de planos y secuencias y su duración, la profundidad de la luz, los monólogos, las miradas, las elipsis y los silencios llega a ser suficiente.

Lacuesta es un francotirador como lo son muchos incluidos en la denominación (en muchos casos denostados por la crítica de pastiche) de cine de autor. Trabaja en la cuerda floja, al borde del abismo, porque sabe que las Ordenes Ministeriales apagan la llama del arte ante las crisis y porque las subvenciones son una batalla vieja y cansina. Y gracias a que Los condenados ha conseguido una buena porción de ayuda catalana.

Este valiente director ha reunido a un grupo de personajes en torno a una excavación ilegal, bajo la práctica de una labor universitaria, buscando los restos de Ezequiel, uno de los compañeros combatientes. El director no deja claro que se trate de Argentina, pues bien pudiera ser la arqueología de cualquier revolución, aunque se sobrepone a cualquier otra imagen la lucha contra la dictadura argentina. Dos generaciones se encuentran frente a frente, los universitarios de hoy, que viven una vida más tranquila según los supervivientes de antes, y éstos, viejos revolucionarios, cansados (los que huyeron a Europa) y heridos (los que se quedaron aguantando la tortura). Sin embargo los jóvenes no pueden sustraerse al carisma de aquellos que lucharon junto a sus padres. Precisamente eso le ocurre a Pablo (el hijo de una represaliada, Vicky) que no puede evitar su admiración y al mismo tiempo decepción por el extrañismo de Martín, quién vive en Madrid y se ha visto obligado a acudir a la búsqueda de restos del compañero. Raúl, Martín, Vicky, Andrea y Luisa, éstas últimas mujer y madre de Ezequiel respectivamente, son casi unos dinosaurios prehistóricos de la justicia social, como el Che Guevara al que dedican películas como si fuera una especie hace tiempo extinguida. Pablo, Silvia (hija de Ezequiel y Andrea) y el resto de jóvenes, son los daños colaterales de esa lucha continua, eterna, inacabada, hasta que no estén todos los huesos debidamente enterrados.

Magnífico el tratamiento que hace Lacuesta de las profundas fisuras de la memoria histórica, provisto de una dialéctica donde los traidores se confunden con héroes, donde los héroes se carcomen la conciencia, otros viven la rabia de cuestionar quien es mejor revolucionario el que aguanta en casa la tortura o el que se va, y otros, como muestra Lacuesta con un largo primer plano-secuencia sobre el monólogo de Silvia, revientan por la carencia afectiva que han sufrido debido a las prioridades de los suyos. El silencio es tan protagonista como el diálogo, y así la cámara no deja nada atado, más bien todo nebuloso como el final, esa espesa capa de niebla que se alza en tan hermosas montañas y bosques que oyeron tantos tiros.
Agrio y cáustico, otro cine excelso.



*Cahiers du Cinema, Francisco Javier Gómez Tarín.

Foto 3: El director y actores en el 57 Festival de San Sebastián, EFE.





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