
El frívolo mundo de la moda hace buenas migas (económicas) con el mundo editorial y cinematográfico.
David Frankel aprovecha bien el filón de los nuevos patrones que dictan los productores de Hollywood, no en vano dirigió algunos de los capítulos de “Sexo en Nueva York”. Ahora los analistas cinematográficos pregonan un discurso seudo-pedagógico para que el espectador compruebe que esa adorable mujercita que acompaña al protagonista ya no es una compañera y madre aplicada y por contra se adueñará del siglo XXI. Lo que vende en el cine de ahora es la mujer mala, caprichosa, fría, por supuesto rica hasta la ostentación, que hará lo que sea para dictar corrientes y mantener la fama y que cree que eso es lo que todos buscan. Me estoy refiriendo al perfil de la protagonista, Miranda Priestly (alter ego de la editora de Vogue, Anna Wintour, parte superior de la foto, alguien con gran poder y responsable de los trastornos alimentarios de las mujeres) del último filme de Frankel, The Devil wears Prada (El diablo viste Prada).
La película que se bebe por la vista y por los oídos, más que por las entendederas, muestra el fangoso mundo de la moda, sus caprichos que hacen verdadero negocio de mezclar trapitos, sus sílfides, esclavas e insulsas mujeres (y algunos hombres), y especialmente la poca autoestima que hay que tener en el caso de las asistentes (como se les llama ahora a las secretarias) y la mucha de las jefas.
¿Me pregunto cuanto habrá pagado la firma Prada por aparecer en el título, tanto de la película como del libro en el que está basada, de la periodista que vivió tal historieta Lauren Weisberger?. Los amantes de la moda y su colorido están de suerte, la película es toda una pasarela con fondo de música de Madonna, especialmente a partir del momento que Andy Sachs (una flojita Anne Hathaway, ¿recuerdan la acaudalada esposa de Brokeback mountain?), la secretaria sufridora de los caprichos y desplantes, silencios significativos y miradas asesinas de Miranda se transmuta de chica inteligente recién graduada con escaso interés en la moda, en una supermodelo duplicado exacto de la piscifactoría televisiva de Cuatro.
Entretenida, aunque mediocre, lo único que realmente la sostiene es la gran actuación de Meryl Street (existe una apuesta general de que saldrá nominada para los Oscar) en el papel de la despótica editora de Runway, (lease Vogue), una Miranda a la que Street le da una voz inconfundible que casa con su excéntrica actitud (recomendable verla en versión original para apreciar en todo sus matices la labor de esta gran actriz).
El final es lo menos importante en esta película, donde la publicidad tiene un gran papel, donde cómo si lo necesitara la autora de Harry Potter succiona su parte. Por cierto final que todos adivinamos desde el comienzo de la película.
Todo un muestrario de barbies en Nueva York que no podrían pasar por alto su parada y fonda en la cima de la moda, París, con el cameo de algún que otro mito de la alta costura.
























































































































1 Comments:
Entretenida película estadounidense, una especie de cuento moderno con diversos tópicos pero realizada de forma elegante y eficaz.
Resulta interesante, aunque no se caracterice precisamente por su profundidad, pero gracias a un medido guión, buenos diálogos, momentos de humor irónicos y sarcásticos, la cinta se degusta sin dificultad alguna.
Por otro lado, los intérpretes lo hacen muy bien, con especial mención a Emily Blunt, en el papel precisamente de Emily y, por supuesto, una vez más a la aquí, inconmensurable Meryl Streep, sencillamente magistral y casi segura futura nominada al Óscar de Hollywood.
Se puede decir del filme que es facilón...y puede que lo sea, pero hay mucho trabajo de planificación y la narración no divaga por caminos extraños, por lo que el interés no decae nunca, resultando interesante en todo momento.
Ciertamente, al finalizar se puede llegar a la fácil conclusión de que se le podría haber sacado más provecho, ya que se parte de una historia real (el guión está extraído de la biografía de la ex-secretaria de la directora de la mundialmente famosa revista de moda Vogue), pero no cabe duda que, entre sonrisa y sonrisa, se pueden sacar provechosas conclusiones sobre aspectos socio-mediáticos de la actualidad mundial, que han adquirido una exagerada importancia en el mundo "fashion" de hoy en día.
Excelente montaje.
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